Desde la hondura

Me ha tomado casi dos días juntar las palabras. He repasado en mi mente una y otra vez la historia, las reacciones, las acusaciones, las oscuras proyecciones de futuro. Sobre todo he pensado una y otra vez en Rigo y en Anarella, tratando de sobrevivir en el centro de este huracán.

Sobre lo sucedido me queda poco por decir, ya los medios han hecho un festín con la carne de Rigoberto Andrés (figurativa y literalmente). Un festín de buitres que nos han asechado por 6 años (y mucho más) esperando que demos un paso en falso. Y Rigoberto era el actor perfecto para el show que querían montar, una buena persona, joven, sensible y creativa, empujada hasta el límite. Como si Tegucigalpa fuera Gotham (ciudad Gótica).

A final de cuentas, cuando la impunidad y la injusticia reinan por tanto tiempo, tarde o temprano algo explota. Y entonces los buitres hacen festín, porque es fácil explotar hasta la saciedad una tragedia como esta, porque es fácil culpar a quienes deciden golpear de alguna forma este sistema podrido, porque es fácil sembrar el miedo y el odio contra quienes quieren alcanzar a tomar el futuro en sus manos para que no se nos escape la esperanza.

Si, Rigoberto Andrés Paredes decidió hacer justicia por mano propia y sin quererlo le ha dado un arma poderosa a los enemigos de este país. La familia de Eduardo Montes merece que se haga justicia, eso no puede negarse. Pero también merecen justicia las familias de las miles de víctimas de este Estado asesino que nos escupe a diario en la cara con tanta impunidad y corrupción y sigue llenándose las manos de sangre sin inmutarse. Porque es más fácil sentar en el banquillo a un joven como Rigoberto y culparlo por todos los males del país que apuntar los reflectores a quienes le han empujado a diario a él y a el resto de quienes vivimos aquí hasta la más profunda hondura. Porque la mano que empuñó el puñal fue la de Rigo, pero pudo ser la de cualquiera de los miles de hondureños y hondureñas a quienes a diario se nos niega la esperanza de tener un país y tener un futuro, a quienes se les niega la salud y la justicia, a quienes se les mata de hambre lentamente mientras el gobierno se dedica a montar un circo burdo con iniciativas como Honduran idol  “Honduras canta”.

Usaran las acciones de Rigoberto como bandera para perseguirnos, censurarnos e intentar callarnos. Verán una bomba en cada poema y un potencial asesino en cada dibujo y trataran de apagar todo fuego de esperanza que nos quede. Y se llenaran aun más de armas y tratarán por todos los medios de llenar nuestros corazones de miedo. Y quizá puedan robarnos toda esperanza, pero nunca podrán liberarse del miedo que puede provocarle a todo un Estado un joven a quien se le ha robado el futuro.

Random

El otro día tuve que hacer una pausa inesperada en el camino a casa porque un caballo se encontraba parado cagando a la mitad de la carretera con la determinación de que nada ni nadie iba a molestarle en su tarea. En ese momento me di cuenta de que me había topado finalmente con la imagen perfecta para explicar Honduras.

A menudo cuando la economía, los impulsos y la suerte de tener amistades regadas por medio mundo me permiten viajar, me topo con la misma pregunta: ¿que ha pasado en Honduras? ¿Cómo está la situación? ¿De qué va tal o cual cosa/marcha/huelga/colectivo de poetas random/nueva ley/etc? Y cada vez me encuentro con menos cosas para responder. No porque haya pocas cosas pasando, ni mucho menos. Es más bien que cada vez me pareciera ver los acontecimientos desde más lejos, con más cansancio, con menos claridad. Cuando tenia 19 años la cosa era transparente como agua hecha con hielo derretido de los alpes: la “revolución” era clara obligación y no existía lugar para la duda. Apenas han pasado 6 años, pero ahora dudo de todo, sobre todo de mi mismo. Cada vez me es más difícil expresar una opinión pues me parece que solo sumaría a ese ruido incomprensible que se propaga por las redes sociales confundiendo a la gente que poco o nada sabe de un país como Honduras. Me doy cuenta que toda la historia que doy por sentado que conocemos y hemos llegado a comprender sobre nuestro país es en realidad una maraña de confusiones y vacíos para la mayoría, que vivimos corriendo en círculos porque siempre olvidamos que ya pasamos por este camino y sobre todo porque no sabemos cual fue el punto (o los puntos) de partida.

Es uno de los (muchos) males de las redes sociales: todo el mundo cree que sabe algo, que ha dado con la invención de la rueda. Y así, tan pronto como nos encontramos con la rueda, nos ponemos a tirarle ruedas a la cabeza a mundo y raymundo sin darnos cuenta que hace siglos que la rueda ha servido como base para mover vehículos y desarrollar tecnología que usamos a diario y ni siquiera comprendemos.

Por eso me reservo cada vez más mis opiniones, para no confundir más a nadie sobre un país que de momento me siento incapaz de leer. Pero si algo se acerca a una lectura sería sin duda esa: quedarse estancado a medio camino en la carretera por un caballo cagando al medio indiferente por completo al mundo que se derrumba a su alrededor.

Para Nelson

Coincidimos pocas veces en la vida, pero no dudaría en llamarte amigo. Si acaso hay algo más que esta vida, cosa que a veces pienso que me gustaría creer, espero que en ese otro algo desconocido encontrés tanto amor como el que nos dejás, repartido en los cientos de sonrisas que nos arrancaste a quienes alcanzamos a conocerte aunque fuese un poquito.

Tu sentido del humor era un cañón certero y cargado de futuro, que ante la adversidad y el miedo constante en que se vive en países como el nuestro, la risa es innegablemente combativa, y vos fuiste (y sos, siempre) un militante de la alegría y de la vida.

No se me dan demasiado bien las despedidas, así que quedemos en que no haya ninguna.

Te abrazo, un abrazo hondo y sentido como se debe abrazar a un amigo que emprende un viaje.

A.

“La otra, otra, otra cara del feminismo”

Hay días en que uno quisiera solo relajarse y tirarse en el sofá a pensar en qué nombre ponerle a sus gatos. En serio, hay días en los que uno quisiera nada más pasarla tranquilo y no pensar en las cosas que andan mal en el mundo. Pero entonces uno abre ese portal del mal (facebook) y se encuentra con cada cosa…

No sé quién será Roxana Andrade y nunca antes me había topado con este blog (y honestamente preferiría no habérmelo topado nunca) así que no voy a referirme a ella como persona ni al blog en general sino específicamente a la poco afortunada nota titulada “La otra cara del feminismo” de Roxana.

El texto es una crítica a los movimientos feministas actuales, en el que la autora reconoce la importancia de los movimientos feministas de “épocas antiguas” pero considera que hoy en día el feminismo es un “fanatismo” inútil e incluso perjudicial. Después de todo, “hoy en día en el contexto occidental la mujer goza de los mismos derechos que los hombres” y “se puede decir que hay igualdad de oportunidades”.

Roxana también nos recuerda que el feminismo es la razón de que muchas chicas estén perdiendo su “feminidad” y que además la razón de que estadísticamente haya más mujeres que sufren de abuso por parte de hombres que a la inversa es que los hombres somos víctimas silenciosas debido al estigma social que el maltrato conlleva.

¡No se rían que no es broma! Lo peor del caso es que conozco a tantas personas que piensan igual que Roxana que da miedo.

Como de costumbre femen sale a relucir en el articulo como un ejemplo de las terribles consecuencias de dar tantos derechos a las mujeres. Que femen puede que nos guste, no nos guste o nos de igual, pero a final de cuentas lo que ellas hagan con sus cuerpos y las formas que ellas elijan para protestar son muy decisión suya y que yo sepa no se ha muerto nadie por ver un rotulo escrito en el torso desnudo de alguien (nada más hay que ver a los hinchas de los equipos de fútbol en muchos estadios… bueno, aunque los pezones de hombre no son tan mortíferos como los de mujer). Pero además femen no es el feminismo, o los feminismos que tampoco hay uno solo.

A todos y todas lxs detractorxs de los movimientos feministas les encanta señalar con el dedo a “esa extremista loca que es demasiado feminista” cuando quieren restar validez a los reclamos de justicia. Hablar de feminismos es hablar de sistemas de ideas, de planteamientos ideológicos. Como en cualquier movimiento existen muchisimas contradicciones. A diferencia de muchos otros movimientos, las feministas y los feministas tratamos de afrontar tales contradicciones con honestidad, de aceptarnos en nuestra constante lucha por cambiar estructuras de pensamiento y comportamiento que se manifiestan en todos los espacios de nuestra vida. Para la casa y para el mundo, queremos construir relaciones más justas no solamente entre hombres y mujeres, sino entre todas las personas. Después de todo el patriarcado forma parte de todas las formas de opresión existentes.

Quizá Roxana y la gran mayoría de las personas que piden que ya nos callemos porque ya todos y todas somos iguales nunca han visto cuanto odio puede recibir una mujer por el simple hecho de serlo. Lastimosamente yo si. He visto a adolescentes en la mesa de autopsias porque se suicidaron en un desesperado intento por terminar con un embarazo no deseado en un país donde el aborto está criminalizado y la distribución de Pildoras Anticonceptivas de Emergencia es ilegal. He leído cientos de titulares que rezan “Por celos mata a su mujer” como si dicha mujer fuese propiedad de alguien y banalizando el hecho de que nuestra sociedad permita y fomente ese tipo de comportamientos psicópatas. En Honduras cada 16 horas, o cada 17 o cada 15 dependiendo de que número nos haga sentir menos culpables, muere una mujer asesinada. La violencia machista es real, muy real, y es real en todos lados, no solamente en el mundo “no occidental”. Puede que esa violencia cambie sus formas y se manifieste en niveles distintos, pero sigue estando allí.

No nos engañemos, el machismo se transforma y se disfraza, pero existe.

Charlie Hebdo y los límites de la libertad

Hoy he leído opiniones de todas las formas y colores posibles acerca del ataque ocurrido en Francia en contra de la revista satírica Charlie Hebdo. Y digo revista satírica porque así es como se refieren a ella por todos lados, porque debo admitir que nunca en mi vida he tenido una en las manos ni puedo alegar haber conocido de su existencia antes del día de hoy. Además no hablo nada de francés para entender lo que dicen los globitos que están compartiendo por todos lados. Dicho eso creo que lo más importante en todo este asunto son las personas que murieron como resultado del atentado. Todo lo demás es secundario en este momento.

Sin embargo, como todo en este mundo el tiempo para permitirnos el dolor es corto porque apremia discutir el significado y las implicaciones de cada golpe que nos recuerda que la comodidad en que creemos vivir es una cajita de cristal frágil que puede quebrarse en cualquier momento.

Los extremismos políticos y el obligatorio panfleto oportunista no han faltado ni de un lado ni del otro. Nos hemos vuelto tan cínic@s que todo lo que queremos constantemente es demostrar que quienes están en desacuerdo con nosotros y nosotras se equivocan y que nuestra posición es la verdad única. Y de eso es que se trata lo que ha ocurrido hoy, de la infinita capacidad para odiar que poseemos. Queremos reducirlo todo a los valores de nuestra escala moral de preferencia para poder definirlo siempre a favor de nuestra posición ideológica. Las vidas humanas nunca deberían estar un plano secundario cuando definimos nuestra agenda política.

Nos encontramos ante dos temas delicados con los que los límites son difíciles de dibujar y con los que las posiciones políticas tienden a volverse difusas, pero creo que una línea clara y profunda debería aparecer en la arena cuando comenzamos a hablar de asesinatos. No podemos ignorar la creciente fuerza que ha ido tomando el fascismo en Europa durante los últimos años y de ninguna manera deberíamos fomentar el odio hacia el islam o hacer generalizaciones sobre la gente por sus creencias de cualquier tipo. Pero tampoco podemos usar tales argumentos como escudo de quienes han asesinado a sangre fría a otros seres humanos por sus creencias o posiciones (sean cuales sean) tampoco. No se trata de quien tiene derecho a perseguir y quien deba ser perseguido o perseguida, se trata de tener igual derecho a no ser perseguidxs de ninguna forma por pensar lo que pensamos y creer lo que creemos.

Es cierto que las imágenes y la forma en que manejamos la información tienen un poder aterrador, solo hace falta ver lo que hizo Joan Fontcuberta con su cosmonauta fantasma para comprender la importancia de este tema. Sin duda la libertad de cualquier tipo es un tema complicado porque cuando una libertad se cruza en el camino de otra no siempre es fácil definir que libertad debería prevalecer. Pero nunca, absolutamente nunca, una libertad debería imponerse sobre otra por la fuerza y allí es donde a mi criterio deberíamos dejar de lado la interminable discusión de subjetividades y anteponer nuestra humanidad a nuestra agenda política. Cuando alguien se asume juez, jurado y verdugo a punta de fusil, cuando alguien mutila, tortura y mata a quien no piensa igual, ya no debería tratarse de distribuir puntos en nuestro imaginario marcador ideológico, debería prevalecer nuestra humana capacidad de sentir dolor ante la injusticia y ante el terror y la muerte. Luego todo lo demás.

Resoluciones de fin de año

zombie

Bueno queridos y queridas, llegó ese momento del año en que hay que ponerse muy cursi. Por suerte ser cursi es mi programación por default, así que me sale natural.

Hay cosas sobre las que quisiera escribir antes de acabar el año que quizá no tienen mucha conexión entre si, así que seguramente este post va a resultar particularmente caótico y ecléctico, como vomito de unicornio, pero ustedes siganme el juego que en estas fechas me pongo sensible.

2014 fue un año interesante para mi, lleno de movimiento y de cambios. Pero si tuviera que elegir un acontecimiento particular que haya marcado el año para mi, desde mi absoluto egoísmo y banalidad, diría que este fue el año en que aprendí a ir al cine solo. Siempre le he tenido demasiado miedo a la soledad. Pese a lo que mucha gente pueda pensar de mi, no odio a todo el mundo. Solo odio a CASI todo el mundo (es broma, es broma). En realidad soy una persona increíblemente apegada a la gente que amo y suele resultarme complicado disfrutar muchas cosas si no tengo con quien compartirlas. Pero cuando uno se encuentra de pronto sin amig@s en un país distinto al propio y con demasiado tiempo libre (como suele ser mi caso) entonces toca hacer de tripas corazón y encararse al espejo. Claro, no es nada que Marcela Lagarde no nos hubiese dicho ya, pero no es lo mismo plantearnos la importancia de la soledad desde lo abstracto que hacer las paces con ella en lo concreto. Sin duda sigo amando a mi familia y a mis amigas y amigos, sigo creyendo en la necesidad de construir comunidad y de empujar juntxs hacia el mundo que queremos, pero es infinitamente liberador poder salir a caminar a la calle sin que el fin de nuestros pasos sea encontrar a alguien mas sino encontrarnos a nosotr@s mismxs. Estoy convencido de que se ama con mayor plenitud cuando aprendemos a no amar desde la necesidad, cuando no amamos desde la lógica de llenar los vacíos propios si no desde la seguridad de sabernos personas completas. Para llegar allí hay que dar un paso a la vez, pasitos pequeños que puedan parecer insignificantes como por ejemplo ir al cine solo.

También fue un año en el que decidí que, por tonto y cliché que parezca, voy a dedicarme a hacer lo que amo. Pero lejos de que eso signifique que me volví un bohemio marihuanero como mucha gente piensa cuando les digo que me dedico al arte, en realidad lo que pasó fue que comprendí que ser artista no es ningún ideal romántico si no un trabajo de tiempo completo que requiere de estudio e investigación constante, disciplina para terminar los proyectos que se empiezan y mucha madurez para recibir critica. Hay ponerle menos atención a los likes del facebook y en cambio buscar opiniones profesionales sobre nuestro trabajo, por duro que sea darnos cuenta que estamos lejos del nivel necesario para ser artista en el mundo real.

Otro punto importante en 2014 fue que decidí buscar tratamiento para mi depresión y aunque mucha gente aún piensa igual que Tom Cruise y se sienten con autoridad de decirle a otr@s que buscar ayuda farmacológica no es la respuesta, lo cierto es que estoy mucho mejor ahora. Claro que no quiero pasar tomando antidepresivos y ansioliticos el resto de mi vida, pero definitivamente agradezco poder dormir y funcionar a diario sin tener constantes ataques de pánico. El tratamiento me ha ayudado a equilibrar mi vida y si bien quizá no sea una solución permanente, a veces es necesario para poder poner tus cosas en orden. Es importante que las personas que lidiamos con problemas de depresión y ansiedad dejemos de preocuparnos del juicio de otr@s. ¿Qué importa si nuestras amistades creen que somos exageradxs, que buscamos atención o que todo el mundo pasa por malos ratos y se pone triste? Lo importante es buscar la forma de sentirnos mejor. Si para algunos y algunas un remedio espiritual funciona, genial. Si para otras es suficiente con la meditación, genial. Lo que sea que nos funcione para sentirnos mejor vale, lo importante es buscar salidas.

Hace un año no tenía resoluciones claras para el 2014, no sabía hacia donde iba a ir mi vida. Tampoco sé ahora hacia donde irá en 2015. Creo que está bien no saber, y que las decisiones para vivir mejor y más felices se pueden tomar en cualquier momento del año, sea año nuevo, semana santa o un lunes cualquiera en agosto. No importa si hay que tragarnos nuestras propias palabras, si hay que cortar relaciones que nos prometimos que iban a funcionar o si nos arriesgamos a retomar relaciones que parecían haber quedado bien sepultadas, no importa si hay que tragarnos el orgullo y volver a empezar cuando ya nos sentíamos non plus ultra en algo, lo importante es decidir de forma activa y militante trabajar para sentirnos felices con nosotrxs mismxs y con lo que hacemos. Equivocarse es inevitable y también se disfruta.

Nos leemos en 2015, ojalá hayan pasado una anarquista navidad y les deseo un feminista año nuevo :*

Feminazis, Hembristas, Femichistas del diablo

“El feminismo alienta a las mujeres a dejar a sus esposos, matar a sus hijos, practicar brujería, destruir el capitalismo y convertirse en lesbianas” -Pat Robertson

Todos y todas hemos escuchado el mismo argumento formulado de mil formas distintas: “el problema es que las feministas no quieren igualdad, quieren superioridad” “el problema es que el feminismo es lo mismo que el machismo” “yo estoy de acuerdo con el feminismo, con lo que no estoy de acuerdo es con el hembrismo” “es que las feminazis solo quieren imponer su propia agenda” “el problema es de clase, no de género” “yo no soy machista, lo que pasa es que vos te vas a los extremos”. Excusas para no confrontarnos con nuestra propia realidad, con nuestras propias contradicciones, con nuestro propio sexismo.

Antes de lanzar algo que pueda sonar a sermón, dejen que me baje la aureola de santo porque yo también he sacado alguna de esas frases, yo también le he hecho el juego al patriarcado. Gran parte del problema reside en lo poco que nos detenemos a reflexionar sobre cuan profundamente patriarcales son nuestras costumbres más cotidianas. Nadie quiere sentirse como el malo o la mala de la película, así que cuando alguien nos señala un problema, lo convertimos en problema del otro o la otra.

Los feminismos no son fáciles de comprender a profundidad, son teorias, corrientes y construcciones en constante cuestionamiento y reformulación. Los feminismos tienen vida, y como toda forma de vida cambian conforme van creciendo, evolucionan. Caminar hacia lo desconocido suele dar miedo y para muchos y muchas es más fácil ocultar nuestros miedos con agresividad y odio.

Si, estoy seguro que alguna de las personas que están leyendo esto tienen fija en la cabeza la imagen de algún conocido o conocida que se reivindica feminista y que es un dolor de cabeza constante. Porque desde que leyeron el primer párrafo decidieron tener una respuesta para defenderse. Es normal, abrirse al cuestionamiento es una práctica difícil de adquirir y mucho más difícil de mantener. Para muestra un botón (acabo de notarlo): yo abro muchas de mis declaraciones con una defensa, reconozco mis propias faltas para que crean que soy una persona sensata (cosa que no soy). No es maldad, solo es parte de nuestra programación.

Otro de los grandes retos que enfrentamos constantemente quienes hemos decidido sumarnos al esfuerzo por lograr “iguales derechos a ser distint@s” es que estamos tratando de reconfigurar nuestra programación a partir de los mismos códigos con los cuales fuimos programadxs. Son generaciones y generaciones de construcciones culturales y sociales presentes en cada rasgo de nuestras personalidades, nuestras nociones sobre la moral, el lenguaje, la etiqueta, la familia, la comida, usted nombrelo. Nos cuestionamos todo porque todo debe ser cuestionado, incluso nuestras propias convicciones ideológicas.

Eso a lo que muchos y muchas llaman “hembrismo” o “feminazismo” y cosas similares, realmente no es más que otra manifestación de comportamientos machistas. Son esas estructuras de pensamiento patriarcal tan presentes en todos y todas nosotras que se manifiestan también al momento de querer construir estructuras nuevas. Es eso a lo que los antropólogos y antropólogas desde nuestra omnipotente objetividad (bueno yo no termine la carrera pero si tengo pegados los vicios) llamamos etnocentrismo, es ver la realidad desde nuestra posición en nuestra cultura. Sin duda nos equivocamos constantemente y seguiremos equivocándonos, porque intentamos construir algo que no existe aun, algo que no conocemos. Y cuando no conocemos algo tratamos de explicarlo o construirlo a partir de lo conocido. Es como describir un ornitorrinco: un ornitorrinco es un ornitorrinco, pero para explicarlo a alguien que nunca ha visto uno lo describiríamos como una mezcla de castor con pato. Y un castor lo describiríamos como una especie de conejo sin las orejas y con una cola parecida a un guante de cocina. Y un guante de cocina lo describiríamos como… creo que se entiende el punto. Y posiblemente ustedes lo describirían usando imágenes y conceptos distintos a los que yo escogería. Yo lo describo desde mi posición y mis privilegios, privilegios que muy a menudo olvido porque para mi son parte de la condición subjetiva a la que llamo “normalidad” eso que todos y todas creemos que es la generalidad pero que realmente no es otra cosa que nuestra tendencia a generalizar nuestra posición individual.

Tod@ racista se ha defendido alguna vez diciendo “los negros/indios/chinos/etc también son racistas, son más racistas que uno” tod@ homofob@ piensa que “los homosexuales quieren destruir la moral”. Tod@ esclavista pensó alguna vez que si l@s esclav@s obtenían iguales derechos terminarían sometiendo a sus “dueñ@s”. Porque durante siglos y siglos hemos aprendido que siempre alguien debe oprimir y alguien debe ser oprimid@, y siempre haremos una ferrea defensa de nuestros privilegios y muchas veces también de los privilegios de quienes también nos oprimen a nosotros y nosotras mismas.

Voy a cerrar por ahora con algo que mi papá siempre dice: “Uno (o una) no debe defenderse señalando los errores de otrxs en compensación de los errores propios”. Antes de decir que otros y otras no quieren igualdad sino superioridad, pensemos un poco en si realmente no estamos defendiendo el derecho que creemos tener a esa posición privilegiada.

Y bueno, quien este libre de contradicciones patriarcales/heteronormativas/intelectuales/ideológicas/pequeñoburguesas/artisticocontemporaneas que tire la primera piedra.

PS: he tenido abandonado el blog porque estaba terminando clases, pero ya estoy de vuelta :*

Dejar la casa

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Tegucigalpa se va quedando atrás, convertida en una pequeña línea de montañas que se desdibujan allá lejos de la ventana del bus. Así se va quedando atrás cada pedacito de país que recorro hasta llegar de noche a la frontera donde una mujer me pide el pasaporte y me pregunta si estoy enojado. “¿Enojado?” me pregunto a mi mismo, y no sé qué responderme, la mezcla de emociones es confusa y sin duda hay algo de enojo en ella, pero no sé si en este momento sea lo que predomina. La mujer me pregunta donde vivo y le respondo que de momento no vivo en ningún lado, respuesta que a ella no le hace nada de gracia porque es tarde y solo quiere despacharme para volver a su celular o lo qué sea que estaba haciendo antes de que yo llegara a molestarla. Termino el tramite que ya es rutina y salgo de la oficina de migración. Afuera, en el pasillo, un par de militares han dispuesto unas sillas plásticas frente a un viejo televisor. La precaria iluminación que provee el aparato me permite distinguir los rostros absortos de un par de muchachos que bien podrían haber sido compañeros de colegio de mi hermano, un par de muchachos que bien pudieron ser cualquier otra cosa, pero que hoy son los peones armados que se han vuelto insignia de la oscura comedia a la que llamamos gobierno. Paso junto a ellos y me dirijo hacia la caseta de migración de Guatemala, pensando en mi hermano y pensando en mi papá y mi mamá que seguro estarán preocupados de no tener aun noticias mías. Un señor de bigote me pide el pasaporte y mis boletas, me pone un sello más en el pasaporte y me desea buen viaje como autómata. Me subo al bus y espero arrancar. Poco a poco es Honduras la que ahora se desdibuja como un montón de lucesitas que van palideciendo en mi ventana que comienza a acumular gotas de una tímida llovizna. Me pregunto como será dejar atrás un país tranquilo, un lugar de esos donde nunca pasa nada demasiado terrible. Me pregunto si será más fácil irse cuando se sabe que al regresar todo estará mas o menos igual, que tu familia y tus amigos van a estar bien a no ser que algo totalmente fuera de lo común suceda. Dejar Honduras atrás es siempre viajar con una maleta extra para la incertidumbre. En la memoria cargo tan marcadas como pueda las sonrisas de mi abuelo y mi papá, el color de los ojos de mi mamá, el abrazo de mi hermano en la madrugada antes de irme, a mis amigas en un cuarto bailando al calor del tequila, a Esteban y Owen tan grandes y tan complejos. Hay que besar hasta el ultimo centímetro de la tierra que se deja atrás, porque de un día a otro podría desaparecer por completo. 

Me voy ahora como siempre, con la seguridad de que nunca sabré cómo irme.

Mad Max

“No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. No habrá ya distinción entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro. figúrate una bota aplastando un rostro humano… incesantemente” – 1984, George Orwell

En Honduras quienes producimos arte lo hacemos desde la precariedad y enfrentando la hostilidad absoluta. No hay salas de conciertos, no hay galerías, no hay teatros, no hay escuelas de arte. Los escasos espacios existentes se encuentran en el abandono, buscando desesperadamente formas de sobrevivir. El Estado Hondureño, desde cualquiera de sus manifestaciones, ha brillado siempre por su ausencia excepto cuando toca mandar a alguien a aparecer en la foto. Ahora sin embargo un grupo de mentes brillantes en la municipalidad de Tegucigalpa, un grupo de prodigios que seguramente jamás ha puesto un pie en un concierto que no fuera de Arjona y que no tiene idea de como se ve una sala de exposiciones ha decidido que los y las artistas nos hemos estado llenando las bolsas de dinero descaradamente por demasiado tiempo.

“Honduras es la tierra de Mad Max” me dijo en cierta ocasión alguien. Ciertamente puedo decir con horror que Tegucigalpa pareciera haber salido de la más descabellada distopía imaginable. Una ciudad gobernada por el miedo que se mueve a un ritmo dictado por la muerte, una ciudad donde parece que hay más guardias de seguridad y militares que niños y niñas en las escuelas. Una ciudad donde el ultimo ladrón que pasó por la alcaldía, el ahora designado presidencial Ricardo Álvarez, dejó a la municipalidad endeudada hasta los calzoncillos pero en lugar de ser perseguido por la justicia se la pasa perdiendo el tiempo tirándose baldes de agua helada sobre la cabeza (#icebucketwhatever) mientras los y las artistas somos perseguidos/as y hostigadas/os en la búsqueda por sacar dinero de dónde no existe para pagar deudas que tienen nombre y apellido.

10 mil lempiras se deberán pagar si se quiere impartir talleres, reventando proyectos como el de la Escuela Experimental de Arte, que con su programa Nómada aparte de los 10 mil lempiras para poder brindar talleres gratuitos a jóvenes artistas emergentes deberá pagar 5 mil lempiras más para poder montar la muestra que caería (imagino) como “Presentación de obras artísticas”.

Según las iluminadas personas que trabajaron este decreto (o como sea que se llame este tipo de mamotreto legal) el rango de precios de las entradas a un concierto de artistas nacionales va de los 1000 a los 2000 lempiras. Obviamente nunca han visto como la gente se devuelve a la entrada de un toquín cuando escuchan que la banda está cobrando 100 lempiras por entrada. Obviamente no comprenden que hay que cubrir el costo del sonido, acordar el beneficio económico para el local y (por ultimo) ver si queda algo para la banda.

Quizá debiésemos retomar la idea que alguna vez me planteó la poeta Mayra Oyuela: “Vamonos todos y todas y que esta ciudad de mierda se quede sin artistas”. O nos vamos, o desaparecemos, o nos pasamos a la clandestinidad. Que llenen las cárceles de artistas, a ver si así de una vez las podemos convertir en museos y centros culturales, y no en basureros o estacionamientos.

“Si nos volvemos incapaces de crear un clima de belleza en el pequeño mundo a nuestro alrededor y sólo atendemos a las razones del trabajo, tantas veces deshumanizado y competitivo, ¿cómo podremos resistir?” – La Resistencia, Ernesto Sabato

Nómada 04: arte en crisis

Fotografía prestada del instagram de otowilches (google him)

“De lo convencional se gusta sin criticar, mientras se critica con disgusto lo que en verdad es nuevo”- Walter Benjamin

En su introducción al libro La otra tradición Adán Vallecillo señala la inexistencia de los incentivos fundamentales para impulsar la creación artística en Honduras. Vallecillo escribió dicha introducción en 2009. 5 años han pasado desde entonces, 5 años en los que 4 hombres distintos han ocupado la posición de presidente del país, 2 veces hemos ido a elecciones a punta de fusil, alrededor de 12 personas han muerto violentamente cada día en Tegucigalpa durante cada mes de cada uno de esos 5 años. Hoy Honduras no solamente carece de los incentivos necesarios para hacer arte, sino que carece de las condiciones necesarias para vivir. Mi ciudad se ha convertido en un vacío indescifrable.

¿Cómo se crea, se discursa y se propone desde esta crisis? No podemos ignorar el punto de inflexión que el golpe de Estado de 2009 representa. El recrudecimiento de la violencia estructural y todas las condiciones generadas por el clima de incertidumbre, militarización y represión que ha ahogado al país durante los últimos años han tenido un eco inevitable en la producción artística en todos sus aspectos. Desde quienes decidieron tomar posiciones absolutamente militantes hasta quienes prefieren aislarse en una burbuja desconectada de la realidad, no podemos disociar la crisis de nuestra producción.

Ante el estrangulamiento que vivimos por parte de un entorno cada vez más hostil la respuesta ha sido un torrente de producción que no parece que vaya a agotarse pronto. Sin embargo este efervescente surgimiento de creadores y creadoras ha sido como un grito abrumador al que no hemos prestado suficiente atención para entender exactamente lo que se está diciendo.

Cada vez hay más fotógrafos/as, ilustradoras/es, bandas, videoartistas, cineastas y otros creadores improvisados. Esto debido a que los avances tecnológicos han representado una relativa democratización del acceso a la creación pero desde luego esa aparente facilidad de acceso tiene un fuerte componente de clase. Estamos viviendo un surgimiento de artistas de las clases medias, en su mayoría estudiantes de universidades privadas con una visión sumamente entusiasta del arte. Todo les parece bueno y ven con recelo la teoría y la critica. Si bien su impulso, su entusiasmo y la mayor facilidad de acceso a equipo les permiten una producción de cierta calidad técnica, en muchos casos nos encontramos con grandes vacíos en el contenido. Muchas y muchos de los artistas que gravitan en esta órbita son artistas de facebook, es decir, crean para recibir “likes”, su reflexión se queda en los muros virtuales. Sin embargo es necesario notar que este grupo de artistas emergentes ha traído consigo a un nuevo público y ha generado nuevos espacios que pese a su precariedad son esfuerzos que debemos notar. El problema es que esta ola de producción masiva y poco reflexiva ha impuesto un ritmo y una concepción de la figura del artista que dificulta aún más generar las condiciones apropiadas para la profesionalización del medio. Tanto entusiasmo sin ningún tipo de canal para conducirlo a buen término resulta también dañino, pues nos encontramos ante una generación de artistas que toman la primera idea que tienen y la llevan inmediatamente al papel y luego al muro en facebook donde todo, absolutamente todo es celebrado. Esta mentalidad marcada por el cliché del arte por el arte, el hacer porque me gusta y a mis amigos y amigas les gusta es indudablemente una válvula de escape para un grupo de personas que se ve tan desbordada por la realidad del país en que viven que prefieren eludirlo.

Por suerte también existen quienes han decidido encarar la realidad y hacer algo al respecto. Quienes ante la crisis se han esforzado por crear un cambio en las condiciones. Particularmente destacable es el trabajo realizado por Léster Rodríguez y Lucy Argueta con la Escuela Experimental de Arte (EAT), que acaba de concluir con el cuarto ciclo de su proyecto central: Nómada 04.

Posiblemente yo haya sido uno de los peores detractores del trabajo de la EAT en un principio. Y si bien no puedo decir que me arrepienta porque me divertí mucho a costa de Argueta y Rodríguez, debo decir que su trabajo, disciplina y constancia poco a poco me fueron mostrando la importancia de lo que hacían. Eventualmente fui madurando y para la segunda edición de Nómada decidí apuntarme al programa. Fue la mejor decisión que pude haber tomado. Dejar la comodidad que brinda el desdén y el rechazo del análisis serio, la investigación y el proceso no es fácil, significa exponer todas nuestras debilidades y darnos cuenta de que todos los “likes” del mundo no nos convierten en artistas. Porque en el mundo real, fuera de la complacencia de Tegucigalpa, somos inexistentes.

Un paso a la vez, la escuela se convirtió en la vanguardia del arte contemporáneo en el país. Pese a todos los reveses sufridos, Nómada se ha consolidado como un programa de formación excepcional, donde cualquier persona con deseos de incursionar en el mundo del arte tiene la oportunidad de dialogar con algunos de los más importantes artistas de la región, conocer referentes, aprender historia del arte, crítica, elaboración de portafolios, arte y género, etc. Tras meses de acompañamiento cada participante produce una pieza para la muestra final, que siempre tiene resultados variados, en la que cada estudiante es tratado con el respeto y la seriedad debidos.

Ahora es cuando todos y todas deberíamos poner los ojos en lo que la EAT ha estado haciendo, y apoyar este proyecto en lo que sea posible. Tras tres años trabajando con un grupo más o menos regular de artistas emergentes, Nómada 4 marca, en mi opinión, una nueva etapa en el trabajo de la escuela. A comienzos del año, lastimosamente, la sede de la EAT fue asaltada dando un fuerte golpe al proyecto. Sin sede y habiendo perdido las posibilidades materiales que con mucho trabajo se habían logrado conseguir, Nómada una vez más se movilizó a una sede temporal y se replanteó el proyecto. Los y las participantes, rostros nuevos en su mayoría, recibieron talleres con Gustavo Larach, Simón Vega, Pablo Ramírez, entre otros. Con un presupuesto de apenas mil dólares, y echando mano de las solidaridad producto de las excelentes relaciones que han cultivado en la región durante sus carreras, Argueta y Rodríguez han logrado montar una muestra que opacó completamente la Bienal hondureña realizada hace unos meses. Junto a los once nómadas, en el MIN actualmente pueden apreciarse piezas de Adán Vallecillo (Honduras), Andrés Asturias (Guatemala), Guillermo Vargas Habacuc (Costa Rica), Alejandro de la Guerra (Nicaragua), Pilar Moreno (Panamá), Regina Galindo (Guatemala) entre otros y otras importantes artistas de Centroamérica.

La EAT y particularmente la plataforma Nómada han sido el punto de arranque de las carreras de una nueva generación de artistas como Cesar Chinchilla, Alejandra Vaquero, Pavel Aguilar y Claudia Bardales. En esta edición nos encontramos con los primeros pasos de personas como Josué Osorio cuya propuesta de videoarte me pareció honestamente genial o Roberto Amendola que decidió dar el salto de espectador a actor y lo ha hecho con bastante firmeza. También regresan un par de rostros conocidos como Alejandra Vaquero con la que es mi pieza favorita de su producción hasta ahora (simple y sencillamente hay que verla) y Lía Vallejo que continúa con su constante exploración personal a partir del performance.

Tenemos que poner los ojos en lo que está haciendo la EAT porque allí es dónde se está generando el diálogo, es el espacio que ha sabido responder y canalizar la energía del tiempo que nos ha tocado vivir hacia una producción contemporánea. Tenemos que acercarnos y trabajar en conjunto para generar nuevos espacios y comenzar a proponer salidas al estancamiento en el que las artes visuales han caído en el país.

No me queda más que aplaudir el esfuerzo y felicitar a todxs lxs nómadas de esta edición. Y sobre todo agradecer el enorme trabajo de Lucy y Lester.

A.